BIS BIS. De nuevo en tierras Helénicas (parte 1)
Ahora hecho la vista atrás, pero un poco más cerca, a diciembre de 2007. Mi mayor temor era repetir clichés y que perdiese ese halo encantador que me embriagó la primera vez. Quería quitarle la razón a Ana Belén cuando dice que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver. Por suerte, no ha sido así. Te he ganado. Grecia te ha ganado.
Empecemos por lo que viene siendo el inicio de principio, por el viaje. Después de comerme el típico atasco madrileño, en Vicálvaro tuve ya mis primeros problemas con los transportes urbanos, puesto que no me querían llevar hasta Puerta de Arganda para coger el metro por que mi maleta era muy grande. Un “no jodas” y un vistazo a los dos inmigrantes que formaban todos los pasajeros del bus fueron suficientes para convencer al conductor imbécil de que mi maleta no estorbaba a nadie, ni entraba en mis planes volar el autobús de la EMT. En mi maleta no había nada malo, así que vale ya de psicosis. Claudicó. Cerró la puerta y arrancó.
En la T4 ya el llegar me resultó curioso, porque vale que te cobren por subir al metro, pero que te cobren por BAJAR del metro… y luego dicen de los catalanes… anda que habló de puta la tacones.
Por esta vez no tuve problema en el chékin, que hasta los hice yo solito. El siguente paso después de casi desnudarme en el control de pasajeros era tomar el avión en la puerta correcta. ¿Que os imagináis que pasaría a la salida del aeroplano? Efectivamente, al igual que la otra vez… retraso. Me quedaba esperar al lado de la familia típica de barrio bien, que se van de vacaciones a un sitio cool, que en Baqueira aún no hay nieve. Las hijas eran fotocopias las unas de las otras, jersey de cuello alto, mismo corte de pelo, misma diadema, mismos pendientes de bolita, mismo deje osea al hablar, carnet del PP en la cartera… de Wearewaters* City, seguro
Ya andaba yo con un cabreo de mil pares de cojones, cuando tras media hora de espera, levanto la vista de mi revista El Jueves y me lo veo en carne y hueso. Salía del avión Martínez el Facha (Vicente Martínez Pujalte, diputado en las cortes por el PP, de Valencia, pa ser esastos). Aggg, que ajco… Una vez concluidas las tareas de desinfección y limpieza, embarcamos.
Me senté en la penúltima fila, donde espera todo el mundo para ir a mear. A mi lado un precioso hueco que hacía que mi envergadura espaldera entrase estupendamente entre el hueco y el pasillo. Lástima, que me perdí las lucecitas de la ventanilla. Al lado del cristal una griega de 130 de pecho por lo menos, que no hablaba ni papa ni de inglés ni de español. Como yo de griego lo justito para dar por culo, pues me quedé sin conversación las casi cuatro horas de avión. Cuatro horas aguantando turbulencias y mirándole las tetas… y ni se inmutó.
Al aterrizar, me pillo el bus. “Sintagma, efgaristó” y el tío me dio el billete. Que guay, aún me acordaba. Y al llegar, a Sintagma, plaza central de Atenas, esperé que llegase el motivo de tanto vuelo y revuelo. Entre la lluvia y los taxis apareció su larga melena rubia. Dos besos.
Luego en el cajero, empezaban las peripecias, ella se deja la tarjeta, éste se la traga y se queda colgada en Grecia sin dinero. De chiste. Menos mal que allí estaba yo…
En fin, que hasta aquí la primera parte del viaje. En siguientes entregas, más (y puede que mejor).
*Wearewaters: Somosaguas, Madrid